Calmar el tráfico a menudo obliga a tomar una decisión difícil entre la seguridad física y la estética arquitectónica. Los administradores de instalaciones, los planificadores municipales y los promotores comerciales se enfrentan a diario a este desafiante acto de equilibrio. Debe hacer cumplir estrictamente la velocidad del tráfico para proteger a los peatones.